Díganle chica lunar

Por Azul Peresón

Capítulo I   

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Call her Moonchild I
Waiting for a smile from a Sunchild

Cuando tenía cuatro años mis papás me empezaron a llamar chica lunar por mi fascinación con la canción de King Crimson, vieja para mí. Ellos se conocieron en el ’86 cuando mamá se llevó por accidente el vinilo de Red de papá. Trabajaban en el mismo edificio pero de cosas diferentes, y por una de esas casualidades que uno nunca explica en las anécdotas ella terminó en la oficina de él. Oficinas… suena tan raro sacado de contexto. En fin, yo era la chica lunar. En ese momento no sabía ni de dónde habían sacado ellos ese apodo, pero sí sabía que el disco del gritón rojo me gustaba mucho.

Lonely moonchild… dreaming in the shadows of a willow.

Enero de 2011, mi bajista favorito acababa de morir. Hacía menos de un año había empezado a trabajar como fotógrafa y acá estaba, en esta situación extraña e inesperada, sentada en esa mesa en la esquina de un bar, con la ventana que daba a un parque desconocido para mí como casi todo en el centro. Siempre odié el centro. Me habían llamado para fotografiar a una banda en vivo, internacional y absolutamente desconocida acá en Argentina; aunque sea yo nunca había escuchado hablar de ella.

Bueno, era martes a la tarde-noche… que para esa época del año todavía era de día. Diez minutos después de que me hubiese acomodado estaban allí dos chicos de aspecto vampirezco y una mujer que su sola persona parecía fuera de lugar consigo misma. Uno de los chicos era alto y muy flaco, vestido con un traje informal y con el pelo largo, como si se hubiese quedado atrapado en los 80’s. Su nombre era Edan y tocaba el bajo. El otro parecía un poco más de su época, vestido con jeans, musculosa blanca y un saco azul, sin embargo se notaba con sólo verlo que no era en absoluto un tipo normal. Él era Facundo, el único argentino e hispanohablante de la banda; tocaba la guitarra y era quien me había llamado. La mujer era su productora, Hannah, vestida de ejecutiva con piercings en toda la cara y cuyo pelo llameante me recordaba al de la protagonista de una película alemana.

Ella casi no habló, y en realidad yo tampoco. La reunión consistió básicamente en Facundo contándome de la banda y Edan acotando cosas en un inglés incomprensible cuando le parecía necesario. Se llamaban Saturday’s Conviction, y se consideraban una banda de Manchester a pesar de que actualmente sólo dos de sus integrantes eran de ahí. Se formaron en el 2002 con Edan en el bajo, Gale en la guitarra y un tipo que no recuerdo el nombre en la batería; tenían dieciséis e iban todos a la misma escuela. No había pasado ni un año cuando se pelearon con este… John Smith, y la banda quedó varada en la nada durante un tiempo. Poco después conocieron en un recital en Londres a Terence, cuatro años mayor que ellos, yanki, baterista; no me quisieron contar por qué estaba ahí, pero supe que no eran estudios ni nada parecido al ver la cara que pusieron al preguntarles. Fue ahí cuando reformaron la banda bajo el mismo nombre. Dos años después, cuando Gale cumplió los diecinueve, sus padres le regalaron el dinero para ingresars en el Guitar Craft, donde conoció a Facundo, quien luego se mudó a Londres, que para esta altura ya todos vivían ahí, y no tardó en unirse a la banda. Me pasaron su primer disco, de 2007, y hasta me invitaron a un ensayo que tendrían el miércoles, cuando ya Gale y Terence hubiesen llegado a Buenos Aires.

Al principio yo estaba muy confundida como para decir algo. En primer lugar, ¿de dónde me habían sacado? Yo era una fotógrafa amateur que nunca en su vida había trabajado con bandas, menos para un recital, ¡y a ellos no los conocía nadie! Estuve pensando mucho en negarme, a pesar de que todo lo que los rodeaba parecía ser exactamente lo que una persona como yo buscaba. “Esto podría ser desde una anécdota interesante para presumirles a mis amigos… hasta algo que me cambie totalmente la vida” pensaba en los dos minutos que me dieron para tomar una decisión. No parecían muy preocupados por la posibilidad del rechazo, probablemente ni siquiera lo consideraban una opción; la forma en la que me hablaban casi sin dejarme lugar a dudas demostraba lo seguros que estaban de que de alguna manera yo ya era su fotógrafa.

She’s a Moonchild… waiting for a smile from a Sunchild

Un bicho impulsivo llamado adolescencia tardía pronunció un “Sí” tan firme que me asombró que saliera de mi boca. Hasta creo haber puesto cara de sorpresa luego de decirlo. Edan sonrió por primera vez en la reunión… a decir verdad tenía bastante cara de pared, excepto durante los diez segundos que duró esa sonrisa

 (continuará).

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