La aventura del descubrimiento

Por Casandra Scaroni

Mi Bafici personal se dio un poco a los tumbos este año. Casi sin tiempo para ver películas, llegué tarde a todas las recomendaciones y no vi mucho de lo que se sugería como imperdible.

Por  el mismo caos de rutina en el que estoy ahora me encontré viendo cosas de las que sólo sabía que me había gustado el afiche y que justo la daban en el hueco que tenía libre. Así es como vi A pas de loup, que desde el minuto cero- en que se escucha a una nena pensando sobre los terribles y desalmados que son sus padres millonarios que la obligan a usar cinturón de seguridad y a ir a la mansión que tienen en el campo sin prestarle atención ni preguntarle qué es lo que quiere-, supe que era un pelotazo.

Pero también así descubrí (tarde, ya lo sé) a Jaques Doillon y a su pequeña Ponette.  Ponette es una nena de unos 4 años que  perdió a su mamá. Digo perdió porque si bien todo el mundo le explica (y Ponette entiende todo mejor que nadie) que su mamá se murió, ella se empecina en buscarla para hablarle. Así de triste y desgarradora es la película llamada Ponette, pero también así de hermosa, porque Doillon no deja un segundo la carita redonda de la niña  y nos hace seguirla en todos sus intentos por hablar con su mamá: la vemos alejarse en el campo para rezar, pelearse con sus primos que quieren que juegue con ellos o enfrentarse a la crueldad de otros chicos en el colegio y no nos deja otra  opción que creerle, que comprender que tiene razón, y que la tía católica, la maestra catequista y el padre escéptico no saben nada de nada. Y a pesar de que salí con la cara toda hinchada de tanto llorar (es imposible ver Ponette y no terminar así), quería más Doillon en mi festival.

Así fue como la convencí a mi amiga Paola de que me acompañara a ver Raja, en la que el director nos muestra una historia de amor imposible entre un francés acaudalado y una chica marroquí. La película por momentos podría ser una comedia de enredos en la que el dinero solo trae más y más confusiones, pero es también mucho más que eso. Es que a Doillon le importan mucho sus personajes y los deja hablar, los deja pasar de una obsesión al amor sin remarcarlo, les permite equivocarse y volver a intentar. Son  personas a las que les gusta hablar del amor y de la vida y que viven en este mundo, que tienen problemas  y que cambian una y otra vez de opinión. Comparar a Doillon con Rohmer parece algo muy fácil, aunque también es medio inevitable. Por eso también nos encantamos tanto con Paola mientras lo descubríamos en su faceta de director de amores desencontrados, porque no creo que haya algo más lindo que descubrir gustos que no conocíamos y más aún en este caso en el que existe la esperanza de que este señor siga filmando.

Esta entrada fue publicada en Cine. Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a La aventura del descubrimiento

  1. Paola dijo:

    Gracias por presentarme a este nuevo mejor amigo de las dos! Ya no daba seguir con el luto de Rohmer… es hora de dejar el negro y empezar a vestir en colores.
    Tengo en mi pc todo lo pirateable de Doillon. En cualquier momento hacemos un megafestival y nos empachamos de gente parlanchina, parejas que se cruzan y nenitos encantadores…

  2. casandra dijo:

    De nada! Mis amigos son tus amigos :)

    Estoy esperando ansiosa ese megafestival que proponés Pao!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s