Contá conmigo

En la tapa de Tom y el Niño Elefante ambos aparecen de espaldas, abrazados. Uno de ellos es de Racing y el otro de Gimnasia, pero tienen que saber que esa imagen es idéntica a una foto de Aimar y Saviola en la época de River. Es hermosa esa foto, el Payaso y el Conejo están embarrados, la camiseta enorme fuera del pantalón, las medias caídas. Son nenes jugando. Claro, ésta es una perfecta postal de potrero, pero también de amor y amistad: de dos que se divierten haciendo cosas juntos. Como Aimar y Saviola, Tom y el Niño son amigos que se juntan a tocar, a tocar como los mejores, a tocar como el Barça. El Barcelona de Pep Guardiola es el equipo de los que nos gusta jugar bien, de los que preferimos tocar y tocar y que todo sea un Lio tremendo. Por eso no es casual que el Chango le haya regalado a Tom una camiseta blaugrana que en la espalda tiene el 30 y dice Messi. Sí, el 30: ése fue el primer número que usó Lionel y quizás no haya sido tan desacertado si lo pensamos como anuncio de ese potencial Diez que estaba por venir, como el aviso de que estábamos en presencia de uno de esos jugadores que juegan un montón y valen por mucho más que dos.

Así como en Fin de semana de muertes La gran bestia Tom ya había confesado su devoción hacia Terminator (El exterminador (anda por ahí)), en Tom y El Niño Elefante continúa con ese amor indestructible esta vez metiéndose con Bruce Willis y Stallone para dedicarles dos odas de una belleza emocionante: John McClane y El gran Balboa. Siempre me pregunto de dónde habrá sacado una canción como El gran Balboa porque resulta difícil escucharla, cantarla, hablar, o escribir sobre ella sin contagiarse de las lágrimas de Rocky. También, Tom compuso canciones inspiradas en pandemias zombies, se adelantó a Skyline cuando en Monstruos del más allá decía: “Vienen del más allá/ en sus naves te vienen a buscar/ Quieren tu cerebro” y hasta, en Otro villano más, le puso música al discurso que Heath Joker Ledger le rapea a  Harvey Dos Caras en The Dark Knight. El cine tiene una importancia vital en este universo pero ahora prefiero dejar las películas por acá, a un costado, para retomarlas luego.

En Tom y El Niño Elefante, la potencia lista para con-mover tribunas de las canciones de Tom se fusiona con el parque de diversiones sonoro que construyen las melodías del Niño Elefante, como en el encuentro de dos planetas que se ensamblan (las canciones de cada uno se suceden intercaladas a lo largo del disco) en una constelación mutante que puede acariciar texturas de sonidos suaves tanto como comenzar a saltar y rebotar cada vez más alto. En Oyasumi y Vinilos Rayados, Niño Elefante pisa el acelerador de su guitarra para imprimirles velocidad eléctrica a los cuentos en primera persona que relata con su voz rugosa. Mientras que en El insignificante se sirve de otros tonos para dibujar el alba de un amanecer cálido y naranja con unos violines que serpentean como una brisa que encuentra continuidad en Montañas para volverse un telón que se abre presentando un escenario inmenso, inaprensible, en una canción que parece planear sobre una toma aérea desde la que recorre el escenario que describe enfocándolo con una subjetiva que se extiende yendo cada vez más alto, y más lejos, hasta perderse como evaporándose en su propio vuelo.

La despedida del disco es con Hasta siempre amigo!: una balada que vuelve dulce canción melancólica a todas las bromantic comedies. O no te imaginás a Jonah Hill cantándole a Michael Cera, o Paul Rudd a Jason Segel, Seth Rogen a James Franco, luego de una temporada sin aventuras: “¿Jugaremos de vuelta aquellos partidos?/ ¿Tocaremos tan bien como lo hacíamos?/ ¿Saldremos de vuelta en los diarios de hoy, como ayer?”. La imagen de amistad que proyecta Tom y el Niño Elefante es tan fuerte que, pasando por el fútbol, llega hasta el cine porque, además, caminando a la par con la alegría de saber que se tienen el uno al otro, Tom y el Niño se vuelven dos de los pibitos de Cuenta conmigo: los dos avanzan unidos en ese abrazo que los vuelve uno solo para atravesar juntos un camino de rieles (recordar la escena del tren en Cuenta Conmigo) que enmarcado por un sendero amarillo, como si perteneciera al reino de Oz,  es una ruta que conduce hacia un destino (con la forma de unas montañas que es imposible no pensarlas como hermanas de las que aparecen en Creo que te amo) donde todos nuestros deseos se vuelven realidad.

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Una respuesta a Contá conmigo

  1. efeope dijo:

    muy buena la nota!
    gran disco.

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