Pura Felicidad Bléfari

La abuela de alguien que conozco se llama Pura Felicidad, Pura Felicidad Rodríguez. Me encanta ese nombre; me parece hermoso y feliz, con perdón de la redundancia. La cuestión es que le calzaría perfecto a Rosario Bléfari porque ella, como sabemos todos los que alguna vez la vimos en un escenario, es la felicidad. Todos los que presenciamos algún recital suyo somos testigos y la declaramos culpable porque tenemos esa certeza desde que la vimos dar sus saltitos y ondular sus brazos como en un cardumen de movimientos al que nos entregamos sin pensarlo para contagiarnos de los pasos del baile más feliz.

El camino de la música de Rosario avanzó tomando siempre nuevas formas y rumbos distintos. Ya los discos de Suárez, primera banda de Rosario, se sucedían de forma mutante; con canciones que se transformaron pasando de la distorsión low fi desatada a la furia de un pop extraterrestre. Excursiones, cuarto y último disco de Suárez, marcó un cambio, una transformación, por portar un sonido más limpio y canciones de una calma y displicencia hasta ese momento inéditas en la banda, como es el caso de las hermosas Río Paraná, Mil especies, o la misma Excursiones. Claro que también había tiempo para el desconcierto espacial de Tarde de Cansancio, una canción de una marcha adictivamente incansable. En un punto, Excursiones marcó una transición que también tenía que ver con un final; el de la década del noventa –una digresión: es poderosamente llamativa la cantidad de bandas argentinas que se separaron entre 1999 y 2001. Excursiones fue un disco que marcó el fin de una etapa, un disco simbólico.

Cara, primera aparición solista de Bléfari, continuó con ese período de transición. Leí por ahí que alguien lo definía como “un exorcismo en forma de ep”. Puede ser. Puede ser por el carácter urgente de un disco en el que se pueden identificar algunas marcas de Suárez, como esos sampleos espectrales que atraviesan Melodía. Cara está compuesto por un puñado de canciones inestables que mezclan imágenes superponiéndolas una sobre otra hasta perderlas en difusas alucinaciones instrumentales. Existe una clara vocación lúdica en la confección de las canciones de Cara, en bases electrónicas predominantes que en muchas ocasiones contrastan con la dulzura que caracteriza la voz de Rosario, como en el caso de Partir y renunciar.

Luego vinieron Estaciones y Misterio relámpago. El primero es un disco de historias contadas en primera persona para flashear mientras caminamos por la ciudad: “un avión se pierde en las nubes y tu cara en un reflejo cualquiera” se escucha en Vidrieras. Son pensamientos que le hablan a alguien, que trazan una línea recta hacia destinos perdidos o encontrados. Misterio relámpago es el disco más alegre de Rosario: Bléfari sube la velocidad y el volumen en una invitación a una fiesta plagada de canciones para moverse sin parar y sin pensar. Son relatos que barrenan por melodías sinuosas, canciones precisas y preciosas que estallan para esfumarse efímeras, y por eso el ritmo punk de algunas como Devilidad (sic) o Lobo.

Calendario es hasta ahora el último disco de Rosario. De un tono más introspectivo y con cierto oscuridad, en Calendario aparecen canciones de una sensibilidad tenue y un clima más íntimo, que suenan como orbitando en el silencio de una noche solitaria. Reservado es una canción intensa y extensa, que insiste e insiste en el relato de un amor de reserva casi como si fuera un manifiesto de la espera, acaso porque la reiteración no importa cuando lo que decimos es lo que deseamos. Esa constancia es la misma que Rosario manifiesta jugando incesantemente con el material con el que construye sus canciones; cambiándolas de dimensión, haciéndolas saltar de un lugar a otro. Rosario es reina y a la vez artesana de la canción. Y como firma, todas las que compone llevan la marca del calor único de su voz, que nos llega como si fuera un viento suave que a la vez nos transporta al recuerdo de verla sobre un escenario, cantando y bailando, para que con esa imagen volvamos a jugar a la escondida hasta encontrar, adivinando detrás de su pelo o siguiendo el camino de su voz, su sonrisa invencible.

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Una respuesta a Pura Felicidad Bléfari

  1. Ceci dijo:

    En el instante que empezó a tocar “Por Qué” entendí lo que siempre decías acerca de su alegría, Sus movimientos, la forma tan particular de mover su cabeza.

    Hermosa Ella, hermoso texto.

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