Seguirás marchando

Lo que nos gusta de Francisco Bochatón es siempre esa tensión irresoluble, la voz desequilibrada, su humanismo extraterrestre construido con imperceptibles parpadeos de abandono, pérdida y autocompasión. También, la ternura feroz con la que muchas veces sus canciones parecen ser la única respuesta viable al rostro impasible del mundo que nos rodea ante el espectáculo de la propia fragilidad y desesperación.

El disco La tranquilidad después de la paliza, que era una especie de regreso, lo encontraba en un estado de precaria negociación: ni del todo sosegado como su nombre podría sugerir, ni furioso y con la voz alzada, quizás un poco demasiado ingenuo, como en aquel legendario primer tiempo de los Peligrosos Gorriones. En realidad, esa puerta que el disco se encargó de abrir dejaba atisbar un mar engañosamente en calma poblado de palabras clave: calle, ventana, antena, gaviota, gusano, lengua, corazón. La materialidad exasperada de sus canciones se dirige como siempre hacia series de cosas que operan a modo de anclas, luces que no marcan un camino sino que expresan ese momento febril en el cual una parte de aquello que hay a nuestro alrededor no puede ocultar su carácter esencialmente inasible y melancólico. Bochatón hace una música que testimonia, pacientemente, el laberinto psíquico de su autor, un maelstrom emocional en el que el músico habita como si se tratara de una segunda piel y que únicamente parece dejarse hablar con sus palabras. Si los demás son fantasmas, si el amor es una guerra perdida de antemano, si cada gota de afecto debe exprimirse como si fuera la última, sólo cabe hacer una bandera con los propios huesos, exhibir los restos temblorosos de uno mismo y seguir marchando.

Francisco Bochatón, en definitiva, es compositor de sus propios tormentos, sus canciones están recorridas por el sino maldito del cantautor: cómo lograr ponerle una voz lo suficientemente firme al desconcierto. La destreza apolínea de sus discos, que alcanza un cenit memorable en Tic Tac, ofrece acaso la señal de un triunfo provisorio. Los meandros de su voz, cada vez más descarnada, más triste, que se retuerce y sangra en cada frase, contrastan con el dejo secreto de una jovialidad que aparenta reinventarse todo el tiempo, de modo especial al lado de la guitarra llameante del eterno guerrero samurai Fernando Kabusacki. Su poética, hecha de fusiones de carne, sangre, esperma, de alusiones apenas descifrables y de despedidas, consigue ahora un estado conmovedor definitivo en soberbias líneas melódicas que el platense parece extraer de su cabeza con una convicción y una autoridad astrales. Sí, Tic Tac es su mejor disco, aquel que siempre supimos que el hombre era capaz de hacer y que estuvimos tanto tiempo esperando.

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2 respuestas a Seguirás marchando

  1. Cano dijo:

    Muy bueno tu artículo. Comparto tu admiración hacia Bochatón. Es increíble que un tipo con tanto talento sea tan desconocido y a la vez es valioso tener el placer secreto de escucharlo.

    Cano

  2. david dijo:

    Gracias, Cano. A esta altura ya sabemos que eso es lo que le tocó a Bochatón. No está mal ese destino de héroe.

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