Un chico se escapa

Vivimos de inactualidades. En este blog por lo menos es así. Exabruptos, caprichos, predilecciones. Cosas de última hora. Gustos. Un disco o una película cualesquiera son cuestión de necesidad. En realidad, no cualesquiera sino lo que pinte en el momento: aquello que por un motivo u otro – la razón puede ser desconocida, en todo caso no es siempre relevante –nos habla. Ahora que parece que Truffaut era un sentimental sin remedio y un director medio chapucero y ávido de gloria me gusta acordarme de Los cuatrocientos golpes ¡Qué maravilla la edición que sacó Criterion! Si consiguen ésa, mucho mejor. Pienso que es la película que Truffaut hizo antes del cine. Claro que el cine allí está de todos modos, en el ambiente ligero y agridulce del blanco y negro de los treinta de Renoir; en un gag visual que se observa desde la altura digno de Tati, en el que los chicos se le van escabullendo al maestro para dispersarse por la ciudad; o en la foto con la cara de Harriet Andersson, cuya mirada a cámara que hiela la sangre en Un verano con Mónica conecta anticipadamente con la de Antoine Doinel.

Pero, justamente, ¿hacia dónde mira Antoine, cuando se desplaza exhausto, borracho de pura emoción, porque está oliendo el mar, porque se escapó, y parece que se encontrara de golpe con la cámara (montada en un jeep, como se puede verificar por fotos del rodaje), que lo está observando ahí nomás, que no había advertido hasta ahora y que casi se lleva por delante? Eso me parece clave. Primero está la vida. El cine por el cine viene después, de ahí en adelante, en las películas que siguen. Truffaut se topa con el cine, se salva de ser un chico de la calle por el cine, encuentra una familia por el cine, y la definitiva huida y salvación de su alter ego Antoine coincide con la mirada dirigida a la herramienta que lo produce.  Ese gesto debe ser inmortal, debe quedar congelado, fuera del tiempo porque, dispuesto en el último plano, viene acaso a coronar lo que podría ser el proyecto secreto de la película: no tanto registrar las vicisitudes más o menos graciosas, simpáticas o tristes contenidas en una porción de la breve vida como niño de Antoine (breve porque el chico madura demasiado rápido), eso es lo obvio que está en la superficie. Más bien se trata de filmar los movimientos de nuestros prójimos, y volverlos, por el cine, más cercanos todavía, más próximos, que es lo mismo que decir: filmarnos a nosotros mismos.

Es que Truffaut vio que había una manera de hablar, de reír, de desplazarse, de retener el llanto, de armar un cigarrillo, de recibir un cachetazo, de ser zamarreado, de leer un libro, de correr, de contener la respiración, de aguantar un sermón, de ponerse un sombrero, de limpiarse la cara, de acurrucarse en un rincón, de subirse las solapas del abrigo, de levantarse de la cama, de mirar la ciudad, de llevar a una chica de la mano, de sostener la mirada de los adultos, de entrar a una comisaría, de someterse a un interrogatorio, de mirar a cámara, de dormir, de escribir, de comer, de mentir, de robar, de guardar un secreto, de hacer un negocio, de ser melancólico, de tener miedo que merece (y debe) ser filmada. Filmar a la gente que conocemos, ha dicho Godard. La consigna central podría ser: autenticidad o muerte. Habrá una  verdad profunda delante de la cámara o no habrá nada. Y en Los cuatrocientos golpes siempre hay algo.

Esta entrada fue publicada en Cine. Guarda el enlace permanente.

8 respuestas a Un chico se escapa

  1. Casandra dijo:

    Hermoso texto David!
    Y sí, primero está la vida ( o la felicidad como dicen algunos no? je)

  2. david dijo:

    Muchas gracias, Cas!
    Lo de la vida y/o la felicidad lo dejo al libre albedrío de cada quien, jeje.

  3. Estela dijo:

    Vale leer las accionesde Antoine Doinel casi sin respirar y la emoción sube, la verdades de Truffaut reveladas por la cámara. La autenticidad de Los 400 golpes parece resistir infinitas miradas. A Truffaut y a nosotros también, de cuanto nos ha salvado el cine?
    Me emocionó la nota David. Saludos!

  4. david dijo:

    Pero eso es porque vos te emocionás fácilmente… No, en serio: gracias por lo que decís, que viene a completar la nota.
    Abrazo.

  5. Estela dijo:

    Soy el lince sentimental…

  6. david dijo:

    Tenés ojos de lince y sentimientos de venado onda Bambi.

  7. Estela dijo:

    Yo pensé que era igual al pato Donald. Abrazo.

  8. david dijo:

    En todo caso serías igual a la pata Daisy.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s