Ya nunca seré el héroe de nadie

Eso puede pasar. Que a alguien lo den por muerto y que vuelva lo más tranquilo. Y aquí se me permitirá una brevísima referencia al campeonato mundial de fútbol anterior, extinto hace cuatro años que parecen cien: Morrissey es como Zidane. Una vez que ya no se lo esperaba, cuando no parecía poder dar más de sí, cuando se lo veía falto de fibra, cansado, quebradas sus fuerzas; cuando pasaba todo eso, mirábamos con un poco de atención y ocurría que allí estaba tan radiante, sin embargo: brillaba. En definitiva, nunca lo habíamos perdido. Sólo nos habíamos distraído un rato, habíamos divagado, pensado en otras cosas. El periodismo es culpable en gran parte, con esa insistente obsesión por lo novedoso, por ejemplo; esa lógica atropellada de los sucesos. Al final, si volvíamos a estar atentos nos dábamos cuenta. Bastaba eso. Como su disco que más me gusta deja claro, Morrissey puede ser el mejor jugador de todos.

Parece que durante un tiempo no se sentía a gusto en ningún lado, Morrissey. Andaba como un nómade. De Inglaterra a Estados Unidos y de allí, finalmente, a Italia. En el medio, sólo había un disco con canciones nuevas (inspiradísimo, eso sí) y el registro en vivo de la presentación de ese disco, un show en Earls Court, en Londres, prueba palpable de que los milagros existen. Y luego, enseguida, como si el hombre ya no quisiera perder el tiempo, entregaba este disco urgente del que hablo, este auténtico golpe al corazón pergeñado en Roma. Ringleader of the Tormentors, se llama. Morrissey no es el que atormenta, siempre es él mismo el atormentado, eso está claro. Porque, si no ¿a qué vienen estas canciones desbordantes de preguntas, de negaciones, de súplicas en voz baja (y a veces no tanto), de saltos al vacío; canciones, en suma, de una fiereza y desesperación que parece que se desplegaran bajo el signo de Caín?

“Soy un fantasma/ y hasta donde yo sé, todavía no me he muerto”, canta en algún momento. Es un gran momento, una especie de abismo. Se trata de I’ll never be anybody’s hero now, track número ocho: creo que mi canción preferida del disco. ¿Qué otro sería capaz de cantar con esa angustia (ese sentimiento de temor y temblor) y, a la vez, arreglárselas para sonar con tanta elegancia, con tanto desapego? Prácticamente ninguno, sin duda. En la capital italiana Morrissey no sólo ha podido dedicarse a mirar a gusto a los ragazzi romanos y pasearse bajo el sol por ahí, acaso en moto (yo lo imagino así): en una foto preciosa del booklet se lo puede ver montado en una Vespa del año vaya a saber cuánto. Una maravilla. En Roma, ciudad dorada, Morrissey tuvo tiempo también de encontrarse con el mítico músico Ennio Morricone, que aquí hace arreglos de cuerdas en un tema (pero ¡qué cuerdas!) y con el productor inglés de apellido italiano Tony Visconti, que supo producir a Bowie entre tantos otros.

Musicalmente, Morrissey está más que a gusto, eso se nota. Entre una abundancia viscontiana (no por el productor sino por el cineasta Luchino Visconti, a quien se nombra en una canción), puesta de manifiesto en una producción que tiende al lujo, y una inconsolable urgencia proletaria, más digna del gran Pier Paolo Pasolini (nombrado en la misma canción) y de sus chicos de la vida, Morrissey encuentra el tono inmejorable de su disco. Otra alusión a PPP llega con Life is a Pigsty (la vida es un chiquero), con lo que la foto de Morrissey arriba de la Vespa y con una cámara en la mano parece terminar de cerrar el círculo italiano. Los aires de Oriente Medio de la canción que abre el disco, con su breve comentario político, simplón pero conmovedor, efectivo en todo caso (“… Si los EE.UU. no te bombardean”, dice), y la extrañeza de la que lo cierra, con su coro de niños malditos y sus confesiones de última hora (“Alguna vez fui un desastre / de culpa a causa de la carne”), después de todo, son formas cualesquiera de empezar y terminar un disco. Podrían invertirse y sería prácticamente lo mismo. Está visto que Ringleader of the Tormentors podrá carecer de astucia pero no de nobleza. Eso sí que no.

Esta entrada fue publicada en Músicas. Guarda el enlace permanente.

4 respuestas a Ya nunca seré el héroe de nadie

  1. Paola dijo:

    David, no te olvides del regreso con gloria del gran Mozz, el disco You are the quarry, ese, el que desde la tapa rosa Morrissey nos apunta con una ametralladora directamente al corazón.
    Esa fue la prueba irrefutable de la exactitud dela sentencia “los muertos que vos matais gozan de buena salud”…

  2. david dijo:

    No me olvido, Paola. Your are the quarry está mencionado en forma implícita. Pero admito que tengo un cariño especial por Ringleader, un disco al que la crítica (cuándo no, menospreciando a Mozz) tiende a considerar misteriosamente como un producto menor. Peor para ellos. Yo toda la vida les regalo Viva Hate y me quedo con Ringleader.
    Saludos.

  3. casandra dijo:

    The Youngest was the most loved es hasta ahora mi canción preferida, creo que la escuché más de 10 veces esta mañana.

    Muy lindo texto David :)

  4. david dijo:

    Estamos tratando de incorporar feligreses a la causa de Morrissey.
    Saludos, Cas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s