Díganle chica lunar

Por Azul Peresón

Capítulo II

El miércoles los conocí a Terence y a Gale, quienes habían viajado más tarde porque este último había salido medio mal de una pelea… Ah, claro, olvidé decir que además de ser un enfermito del rock progresivo, tocar la guitarra como pocos son capaces en el mundo y pertenecer a una banda que se equivocó de época, uno de los integrantes de la banda era también boxeador profesional desde hacía ya cuatro años.

No, no lo supe porque tenía una espalda gigante y tubos en vez de brazos; su fisonomía en realidad era más bien delgada y pequeña. Pero no es normal que uno viaje con un ojo morado y un retraso de una semana sin explicación, por lo que le tuve que preguntar a Facundo. En ese ensayo llegué a conocerlos a todos un poco, lo básico que se puede conocer de alguien en un día, pero también más de lo que esperaba. Terence fue con quien más hablé, lo cual me sorprendió; era un chico muy interesante que sabía de muchas cosas. Curioso, porque era el más bromista de los cuatro y, sin embargo, no podía sonreír mientras tocaba. Curioso también que la primera persona que se lo hiciera notar fuera yo.

Facundo me contó cómo había terminado en el Guitar Craft, y lo impresionante que había sido la experiencia. Hablamos mucho de King Crimson también, ya que… bueno, es difícil hablar de algo que uno quiere en un idioma al que no está acostumbrado. Seguir leyendo

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Alex MacLean: vernos desde el aire

Por Jimena Ardigó Masas, conjuntos apretados, líneas, tramas, retratos de la desmesura y la hipérbole: gente, autos, aviones, casas, trenes, caminos rectos y curvas que se entrecruzan.

Alex MacLean, fotógrafo y piloto norteamericano, toma distancia y capta desde el aire lo excesivos y esquemáticos que podemos llegar a ser. Aparentemente, a cientos de metros de altura se pueden vislumbrar algunos patrones reconocibles. Sus sorprendentes fotografías trazan un mapa de la estructura, de la repetición y la simetría. En cada imagen se denuncia el desborde. Como personajes de una pesadilla digna de Borges, seres que, ciegos al ras de lo cotidiano, no logramos ver, nos dedicamos a reproducir, apilar; insistimos en extender el hilo de un eco misterioso.

Las imágenes de MacLean construyen un discurso acerca de cómo somos, cómo nos (des) organizamos. Revelan, de pronto, aquello que seleccionamos y también lo que decidimos dejar de lado. Convertir en material de descarte: cementerios de aviones y autos viejos arrumbados; playas repletas de gente y parques de diversiones abandonados; rutas y ríos meandrosos en el medio de la nada. El fotógrafo traza un mapa de distintas zonas de su país que relatan y revelan un modo de ser y estar en el mundo. Seguir leyendo

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Díganle chica lunar

Por Azul Peresón

Capítulo I   

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Call her Moonchild I
Waiting for a smile from a Sunchild

Cuando tenía cuatro años mis papás me empezaron a llamar chica lunar por mi fascinación con la canción de King Crimson, vieja para mí. Ellos se conocieron en el ’86 cuando mamá se llevó por accidente el vinilo de Red de papá. Trabajaban en el mismo edificio pero de cosas diferentes, y por una de esas casualidades que uno nunca explica en las anécdotas ella terminó en la oficina de él. Oficinas… suena tan raro sacado de contexto. En fin, yo era la chica lunar. En ese momento no sabía ni de dónde habían sacado ellos ese apodo, pero sí sabía que el disco del gritón rojo me gustaba mucho.

Lonely moonchild… dreaming in the shadows of a willow.

Enero de 2011, mi bajista favorito acababa de morir. Hacía menos de un año había empezado a trabajar como fotógrafa y acá estaba, en esta situación extraña e inesperada, sentada en esa mesa en la esquina de un bar, con la ventana que daba a un parque desconocido para mí como casi todo en el centro. Siempre odié el centro. Me habían llamado para fotografiar a una banda en vivo, internacional y absolutamente desconocida acá en Argentina; aunque sea yo nunca había escuchado hablar de ella. Seguir leyendo

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Graham Coxon, blanco sobre negro

Por Casandra Scaroni
Con la melancolía tímida que representa a los que se pararon al costado de un frontman carismático durante un largo tiempo, Graham Coxon narra en canciones cortas, ligeras y de una dulzura encantadora, la que tiene toda la apariencia de ser la historia de su vida.
Luego de su salida poco elegante de Blur en el año 2002 (lo llamaron por teléfono de la productora para avisarle que no fuera más a grabar lo que iba ser el disco Think Tank), Graham se concentró en su carrera como solista y grabó su tercer disco, The Kiss Of Morning. Ya desde la primera canción llamada Bitter Tears, con una simpleza que desarma, dice: “Es nuestra intimidad lo que estoy extrañando. Viste cuando no tenés a nadie cerca. Es nuestra intimidad lo que se está perdiendo para mí”. Seguir leyendo

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Canciones para un mundo que ya no existe

Por Jorge Garibotti

Un terremoto del cerebro, un maremoto en los tendones y los nervios hicieron que el eje de la tierra se corriera. Se extinguieron los dinosaurios y sus restos se transformaron en el petróleo que comenzó a correr por mis venas. Las amebas y los seres invertebrados crecieron en el lodo de mis tripas, era la ley de la evolución que se estaba cumpliendo, ahí estaba yo, a destiempo, como tantas veces, con mi gran mandíbula inferior sobresaliente. Tendría 15 o 16 años, la misma edad en que Morgan se hizo por primera vez a la mar, cuando salí a buscar un mundo que ya no existía, y que quizás, nunca había existido.

Puedo creer que estaba atrás del cristal
y esta piel al cruzar solo se marcó
y el vuelo del sol mirador
por la perla del mar
ya
cesó de jugar y viene Seguir leyendo

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“Uno tiene que encontrar su voz” Segunda parte

Segunda parte de nuestra entrevista exclusiva con Ed O´ Brien. La charla se suelta, nuestro entrevistado también, y todo termina en una conversación de amigos en la que Ed se explaya sobre algunos de sus gustos personales: música, fútbol, y particularmente sobre Carlitos Tévez. Que la disfruten.

English version below

Maduración.
Casandra: En algún momento dijiste como que estabas preocupado por la ausencia de guitarras en Kid A o Amnesiac.
Ed: Sí, fue años atrás.
C: ¿Ahora disfrutás jugar más con los efectos de sonido?
E: Mirá, cuando dije eso estaba hablando del principio de la grabaciones de esos discos, pero duró nada (hace un gesto con los dedos). Fue un ajuste que había que hacer. Nosotros habíamos grabado tres discos llenos de guitarras, y de repente no había espacio para eso. Así que, inevitablemente, como con cualquier cambio que hay en la vida…
C: ¿Hubo algún momento en el que, como banda, se plantearon cómo pararse frente a la audiencia? Porque hace poco vimos el show del Astoria de 1994 y se veían mucho más rockeros.
E: Lo que uno hace en el escenario ni siquiera lo piensa, simplemente se da. Probablemente antes nos movíamos más.
Sam: Sí, por ejemplo, vos saltabas.
E: Sí, sí, ya no lo hago más, no sería apropiado… Aquella música se prestaba más porque yo era joven. Más joven.
(Risas)
S: ¿Te parece que la música refleja en los discos la madurez de la banda y de ustedes como personas?
E: Creo que lo que ocurre es que conforme uno se hace más viejo como persona va cambiando, se mueve. Y la banda cambia porque sus miembros lo hacen. La música es una cosa muy honesta en ese sentido. Cambia con uno. Sale de uno, así que es inevitable.
C: ¿Tenés algún sitio personal donde vas cuando querés desaparecer?
E: Bueno, teniendo hijos se vuelve cada vez más difícil hacer eso, pero supongo que ese lugar es mi casa. Cuando quiero desaparecer voy a casa. Y me gusta pasar tiempo en el jardín o ir al bosque, acampar con mis amigos… Pero no lo hago. Sería lindo tener tiempo para desaparecer, pero no tengo tiempo.
S: Pero ahora, como banda, ¿se dan más tiempo para su vida personal que antes?
E: Sí, o sea, cuando tenés hijos tenés más responsabilidades, y desde que firmamos nuestro primero contrago como banda en 1991 no paramos hasta 1998. Así no se puede ser padre, ni marido. Ahora las cosas están más balanceadas, porque uno tiene su responsabilidad, es importante que tus hijos crezcan como seres humanos con equilibrio, y eso significa que tengan un padre con el cual encuentren su camino. Seguir leyendo

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“Uno tiene que encontrar su voz”

Primera parte de nuestra esperada entrevista exclusiva a Ed O’Brien. El hombre se explaya acerca de todo y de todos sin pelos en la lengua, aunque nunca pierde la amabilidad ni la calma. Lo que se dice un gentleman.
Desde Londres, una charla sin desperdicios.

English version below

Pensar en Radiohead es pensar en algo gigante. Es pensar en una de las bandas más importantes de la historia del rock, ufff, pero no como mito fosilizado, sino más bien como materia encendida, viva y constante. Una usina de sonidos, electricidad pura de un rayo eterno que arrancó en, ufff, los benditos noventas sintonizando el pulso de una toda una década y toda una generación definiéndolas desde su amanecer (sí, estoy hablando de Creep), otorgándoles un color, para después romper con todo como única manera de seguir el mejor camino: uno propio. Por eso no es casual que luego de Ok Computer (1997), disco que de tan definitivo agotó, perfeccionándola a nivel maestro, una fórmula de hacer canciones estos cinco extraterrestres entraran en crisis, el cambio como único rumbo, para pasar a otra cosa, pararse en otro lugar, otro siglo, otro milenio, con dos discos pergeñados desde la lógica de una tormenta feroz que estalla en un sonido maldito: rugidos, lamentos y oasis detonados desde máquinas bestiales en esos dos diamantes oscuros que son Kid A (2000) y Amnesiac (2001). Desconcertando a muchos, alimentando habladurías que hoy son hojas amarillentas hinchadas de humedad en revistas viejas, Radiohead nutrió su cuerpo, se hizo fama y echó a andar subido al fuego eléctrico de un sonido mutante que, entre explosiones y una suavidad contenidas en el abismo de un repertorio inmortal, es el combustible inagotable de una llama que aún hoy continúa creciendo. Aldo Montaño

Esta entrevista es el producto del delirio de dos que viajamos en un auto por horas escuchando las mismas canciones de siempre. Cantándolas como locos, sin que importe demasiado su verdadero sentido, si es que lo tienen, pero en las que nos gustaría (me gustaría) quedarnos a vivir. Porque en definitiva, y por más vueltas que le dé, no sé qué es “I will raise up Little babies eyes” pero sé que es parte de la canción más dulce del mundo. Tampoco puedo explicar por qué me hace tan feliz escuchar el corito de Ed en Karma Police, o cuando él le hace la segunda a Thom en Paranoid Android, pero hay algo que me hace intuir que todo lo que rodea a estos cinco gigantes está lleno de un amor inmenso por el mundo. Y como dije, este fue nuestro delirio de un día decir, “¿y si le pedimos una nota a Ed?” Y si bien la lógica indicaba que no íbamos a tener ninguna respuesta, aunque en el fondo guardáramos la esperanza de que nos contestaran que sí, yo por lo menos nunca pensé que unas semanas después de ir cantando en un auto los coritos de este gigante hermoso que es Ed O´Brien, lo veríamos llegar en una bicicleta amarilla y plegable a un cafecito en Londres para vernos a nosotros y decir “ Hey Sam, Casandra! How are you?”

Por Casandra Scaroni y Samuel Dietz.

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Viaje al fin de la noche

Texto publicado originalmente el 22 de febrero.
Con unos destellos secos, graves y cortantes seguidos de una percusión que acelera sistemática y errante, igual al sonido de la marcha de un tren: así arranca The King of Limbs. Una máquina se agita de un lado al otro condensando su movimiento dentro de una pista sin rieles, círculos metódicos que a la segunda vuelta desembocan en el canto de Thom Yorke. Si te conoceré, Thom Yorke: ya sé que la rompés cantando, que contorsionás la voz y seducís siempre estirando ese falsete dulce, todo el tiempo recordándonos que esa voz sos vos. Y ahora también le sumás unos aullidos que se mezclan mimetizándose como uno más entre todos esos sonidos de penumbras, bien nocturnos. Todo oscuro, siempre oscuro como a vos te gusta. De fondo se escucha algo en movimiento: una fábrica virtual de hacer canciones que funciona engranando melodías, las corta, las pega, copia y vuelve a pegar, y así sigue hasta poder admirar satisfecha a cada nuevo frankenstein y besarlo en la frente.

Track 3, Little by Little: llama la atención, hasta parece una canción y todo. Tiene una estructura más clásica, los experimentos de Radiohead saben un rato largo de fórmulas y ésta, la de la canción, la sacaron hace rato. Se nota que ahora la preparan de taquito, sin despeinarse y quizás por eso este tema aburra un poco, porque ellos parecen aburridos: un sitar cansino que se desplaza sobre una base rítmica plana, sin relieves que nos alteren el camino, la percepción, ni nada. Sin alarmas y sin sorpresas. Buh. Con Feral vuelve el pulso epiléptico en una guerra entre sonidos-hologramas que revolotean deformes como suspendidos en una nube de humo. Después viene Lotus Flower, sí la del video de Thom y sus pasitos de androide ninja, que parece sintetizar la pregunta que nos hace la música de Radiohead: ¿Qué carajo es una banda de rock? La sagrada guitarra eléctrica llora recordando épocas de mayor protagonismo, todo lo que escuchamos son abstracciones de sonidos, un bajo que repta duro como una serpiente llena de merca, y unas palmas que suenan más que marcando el ritmo, como celebrando esta inmensa tomada de pelo en forma de hit ¡Clap, clap! Seguir leyendo

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En la sed mortal

Por Paola Simeoni

Cuesta poner en palabras qué es lo bueno que tiene Nacho Vegas. Para ser precisa y, lo admito, también para no pensar demasiado, debería copiarles una lista de temas para que la bajen y escuchen sus canciones atentamente y en silencio. Porque a Vegas no le pidan estribillos pegadizos (a veces se le escapa uno que otro, pero es más una concesión que una regla), ni ritmos para mover la patita, lo suyo es más bien música en función de las palabras y de la historia o escena que está descripta en la canción. Pero no es muy elegante de mi parte largarlos así como así, posibles lectores, con una lista de tarea para el hogar y todavía encima, con requisitos para la escucha. Por eso voy inventar unas excusas que, espero, resulten más o menos convincentes para enfrentar la empresa de conocer al músico asturiano.

Creo que lo que más me gusta de Nacho Vegas es que se inventó un personaje (muy parecido a él, hasta a veces usa su nombre) y que ese personaje habita todas sus canciones. Su discografía desde el primer disco, Actos inexplicables hasta el último de este año, La zona sucia, es la biografía de  su Antoine Doinel heroinómano, quien en sus principios no atinaba más que a mirar una mancha de humedad en el techo y que ahora, más maduro, intenta conciliar sus vicios y desidia con la (im)posibilidad de un romance más o menos adulto. Seguir leyendo

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Soy Rock

Tiene carita de nene, peinado de nena, se mueve como un macho y posa como una diva ¿Quién es? Aldous Snow es único: una bestia felina que se camufla plácida sobre la irresistible pureza del blanco nieve. Aunque únicamente podamos verlo en dvd o en Cuevana (ni Forgotting Sarah Marshall, ni Get Him to the Greek se estrenaron por acá) su imagen es siempre enorme. Roto, ebrio o perdido, Aldous es un titán que la rockea sin parar y ni hablar cuando le toca estar al frente de Infant Sorrow, una banda de fantasía hecha para un tipo lleno de fantasía; un inglés encantador que enciende y vuelve fuego todo lo que toca. Es que es así, hay que decirlo de una vez: si no existiera, a Aldous Snow habría que inventarlo.

La banda de sonido de Get Him to the Greek es tan buena o quizás mejor que la película, y eso es decir mucho. Se trata de rock, así sin vueltas ni definiciones rebuscadas o lindas. Las canciones de Infant Sorrow ponen en escena distintas marcas de la decadencia estrellada de un músico de rock (títulos como I am Jesus) con una energía, un (buen) humor y una conciencia total de género que no se veían desde This is Spinal Tap. Seguir leyendo

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