Píntame los labios

In dreams es una canción que relata la historia de un niño que en sueños se fabricó un payaso que por las noches lo acurruca y le dice que todo está bien. Se trata de un clown dulce y colorido llamado Sandman que tiene como función proyectar el anhelo de una suma de cosas imposibles, en el sentido más bochatoniano del término. Roy Orbison canta esta historia con potente suavidad, un susurro que se asoma a un cuarto oscuro en medio de una noche mágica. Las fantasías que ese pibe suelta cuando cierra los ojos detonan imágenes que florecen una tras otra, elevándose como disparadas desde los anteojos negros de Roy.

El relato de In dreams es un perfecto guión de historieta, la figuración de un conjunto de viñetas que se acumulan empapadas por el brillo de un polvo onírico. Dije onírico: en Blue Velvet, David Lynch hace sonar In dreams más de una vez. Es más, ese terciopelo azul que aparece flameando al inicio de la película claramente podría ser un telón por el que nuestro amigo Sandman aparece de repente. En Blue velvet, Dennis Hopper (que este año se nos fue) es Frank; un tipo que, entre muchos otros mambos, tiene una fascinación demencial con In dreams, tanto que en su departamento mantiene a un crooner de cotillón preparado sólo para cantársela. Cuando escucha la voz de Orbison, Frank se desborda, enloquece.  Sus ojos se ponen duros, aprieta lo dientes, llora.

Pero todo esto que estoy contando es sólo una excusa para hablar de una escena especial de Blue velvet, una escena que veía una y otra vez rebobinando el vhs de la película en mi casa, proyectándola en mi cabeza noche tras noche. Hablo de aquella en la que Frank/Hopper baja del auto con un respirador, pintándose los labios mientras lo iluminan con una linterna en medio de una noche musicalizada por un coro de grillos arrebatados. Todo eso junto. Entonces besa a Kyle Maclachlan y pide: “Candy colored clown”. Una puta baila encima del auto estirando las caderas de forma hipnótica. Así, recortado sobre la oscuridad, Dennis Hopper se volvía un espectro: la cara proyectada sobre el negro de la noche, la boca roja. Un montón de miedo. Imaginate el contorno de una rostro blanco que se te aparece a la noche mirándote fijo mientras te dice que te va a enviar una carta de amor, es tremendo. Esos labios pintados terminaban develando a Dennis como la corporización definitiva de la fantasía de Orbison. Hopper se volvía un candy colored clown en persona, sí, pero bien sórdido; le cambiaba el signo a la historieta de Orbison volviendo intimidación nocturna lo que era consuelo fantástico. Toda esa secuencia siempre me causó mucho miedo pero hoy, que Hopper ya no está entre nosotros, me resulta mucho más terrible porque ahora en una de esas puede volverse real, y esa idea no me deja dormir. Y si no imaginate al fantasma de Dennis dando vueltas por las noches con cara de loco, la boca roja chorreando, apareciendo cuando menos te lo esperás sentado a un costado de la cama mientras te acaricia la cabeza, sonriendo. Everything is all right.

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