Imaginate el día en el que una enorme nube gris se la agarre contra el desierto, sometiéndolo. Miles de granitos de arena bailarán envueltos en un torbellino siguiendo el ritmo anárquico del bramido del viento, las dunas dejarán de arder develándose frágiles ante el arrebato de la tormenta y los espejismos se harán realidad. Será entonces cuando tierra y aire harán comunión en una danza que volverá al cielo aún más incierto.
Bueno, así es como suenan los Humo del Cairo. Sus canciones detonan estertores que retumban, que embotan. Se trata de música para sacudir montañas, sonidos que pegan como un tornado violento que quiebra la calma de un amanecer blanco. Yo que vos los escucharía.

